ANTONIO ASTORGA
Antonio Astorga es periodista
EL TESORO DE ALÍ BABÁ repartido en tinajas. Así dibuja el lápiz de Dios en la tierra, que responde al nombre de Antonio Mingote, la Hemeroteca de ABC. Historia de 119 años a golpe de ratón. Les proponemos un maravilloso viaje al centro del cofre de la isla. Hemeroteca.abc.es. Océanos de tinta y de papel (entre 15 y 20 millones de artículos, y 5 millones de páginas) digitalizados corren por sus venas. Silabario del talento. Letra escarlata. Pulsión poética. Gaviota voluptuosa. Plaza del pueblo. Acervo y grapa. Leyenda del arte de Talía. Cantor de las gestas del football, que nació con ABC, como el cine. Portadas azuladas con Sebastopol nevado. El don infinito. Escuela viva del humor gráfico. Ola mecánica y hora de España. Épica y gloria de la prosa taurina. Espejo stendhaliano en el camino de la vida. «Aleph» borgiano. Cofrades atados a la columna.
Mano que mece la cuna de las generaciones del 98, 27 y del principio de la modernidad. Azorín y los Machado; Hernández (Miguel) y Fernández (Macedonio). Conversación en la catedral del Periodismo. Libertad. Clark Gable y Cary Grant. Olor a Floyd. Ramones y Césares del Periodismo. Testigo y testimonio de tres siglos. Cavia y Luca de Tena. Xauradó y Mingote. Picasso y Dalí. Campmany y Alcántara. Los cantos rodados y los escarabajos de Liverpool. Alfredo Di Stéfano, el más grande, y Pelé; Cruyff y Maradona; Zidane y Messi. El Rey y el Príncipe. Wojtila y Gorbachov. Kennedy y Clinton. JRJ y CJC. Martin Luther King y Barack Obama. Lorca y Alberti. ABC fue la ventana por la que se dio noticia en España de la Revolución Rusa gracias a Sofía Casanova. Como sostiene el maestro de la imagen y de la palabra Manuel Martín Ferrand, ABC es el guardián de la memoria. Por los siglos de los siglos. Hemeroteca.abc.es. Un clic, y a gozar.
Hace unos años -no importa cuántos-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que le interesara en tierra, el barbilampiño marinero nacido en tierra de conquistadores pensó que se iría a navegar un poco por ahí para ver la parte acuática del mundo. Era un modo que tenía de abandonar la melancolía. Recaló en ABC, y cada vez que en su alma había un nuevo noviembre, húmedo y lloviznoso, Ahab [capitán del ballenero «Pequod», que persigue a una gran ballena blanca en la novela de Herman Melville «Moby Dick»] Castelo bajaba a la hemeroteca y gastaba sus yemas de los dedos en revisar, durante horas y horas, con pasión cisterciense y oficio de tinieblas, los tomos de ABC y Blanco y Negro, cual Jorge de Burgos redivivo, pero sin la mala leche del malvado personaje creado por Umberto Eco en El Nombre de la Rosa. No se asusten, él, Santiago Castelo, jamás untaría con arsénico por compasión los bordes de las miles de páginas que saben a genuino papel centenario.
El árbol de la ciencia
Santiago Castelo es el ángel custodio del gran tesoro de ABC, la Hemeroteca. Nuestro adalid. Detrás de una conspicua sotabarba de arponero se esconde un legendario cinamomo extremeño; Castelo es el árbol de la ciencia, pura madera de boj; y su cuaderno de bitácora, su despacho, un confesorio laico al que cada día peregrinamos en masa los pecadores del Periodismo buscando redención, anhelando un remedio, pedigüeñeando un recurso, procurando un refugio. Cuando hace dos meses bajamos desde la primera planta a la nueva Redacción, en aquella algarabía de cajas y palmeras de cartón en frenesí, armarios desdentados, papeles desnortados, mientras sonaba el runrún de nuestro corazón, Ahab Castelo permanecía inalterable, impasible; era un hombre tranquilo. La luz de su despacho en la esquina de esa antigua Redacción nunca se apagaba. El foco que hervía las pestañas de su pasión abecedaria permanecía inalterable, como un faro que absorbe las pupilas. Desde la carretera de Barcelona se veía, tras el cristal, a Ahab Castelo quemándose las pupilas blogueando.
Cuando la antigua Redacción se iba quedando huérfana de moradores -cada día bajaban dos o tres secciones-, el confesionario laico de Ahab Castelo todavía estaba allí, como el inmortal cuento de Augusto Monterroso, el del dinosaurio, el más corto del mundo. Con sus macetas y su ventilador, con el pañuelo con los que caza las lágrimas que se fugan de sus ojos vivaces camino de la sotabarba, con el retrato del Rey y de Don Juan III, con sus libros y sus discursos, con su Extremadura del alma siempre al fondo. Y él, Castelo, pegando la hebra en internet, atado a un blog que le apasiona, y nos apasiona.
Atesora Ahab Castelo un cálido vozarrón, una jocunda estilográfica, una corintia caligrafía, una bondad infinita, un corazón admirable que no le cabe en el pecho, y que en los últimos años ha sufrido la terrible pérdida de sus seres más queridos, pero aún así permanece invicto; ha servido a tres generaciones de la familia Luca de Tena y aún no se ha repuesto de la pérdida del querido Patrón, don Guillermo; un abanico reparador, una sonrisa acogedora, una bohemia infinita, y sus plantas, a las que riega con fervor semanasantero.
Mientras los operarios se afanaban tirando paredes y construyendo cuartos, allí, al fondo, en la antigua Redacción permanecía el guardián del tesoro de la isla. Inalterable. Ni el bulldozer consiguió mover a Ahab Castelo un ápice de su despacho; infranqueable, como el general Custer, interpretando su melodía como la orquesta del Titanic. El grumete que firma este cuaderno de bitácora consiguió un día sacar a Ahab Castelo de su confesionario laico para bajarle a la sala de máquinas del idioma de ABC; allí le juntamos con uno de los grandes jóvenes y ya consagrados historiadores españoles, Manuel Lucena Giraldo, por cuyas venas corre sangre periodística.
Con su vozarrón dórico y jónico, Santiago Castelo sienta cátedra: «No todos los periódicos tienen el tesoro de ABC. Desde finales del siglo XIX ha ido acumulando un archivo verdaderamente impresionante. El haber puesto al servicio de todos los lectores la gran Hemeroteca del periódico ha supuesto una auténtica revolución». Poder consultar desde cada casa los más complejos y curiosos sucesos que en el mundo han sido y tenerlos en tu poder tal y como se produjeron es algo verdaderamente maravilloso. La ventaja y el fino olfato del fundador de ABC están en que se adelanta a su tiempo. En el editorial fundacional ya se habla de que no va a ser un periódico más, sino «un periódico nuevo por su forma, por su precio, por los procedimientos mecánicos que empleará y por la índole de sus trabajos».
El profesor Lucena Giraldo arguye, mientras acaricia junto a Ahab Castelo el lomo de varios tomos antiguos en la Biblioteca de ABC: «La Hemeroteca de ABC en internet es la posibilidad de emprender un viaje; la navegación en el pasado, un viaje no sólo con textos asombrosos, sino con imágenes inauditas, en la cual podemos enfrentarnos a un planeta que no conocemos; un planeta pasado. Se trata del descubrimiento de un mundo de imágenes insospechadas. El proyecto periodístico de ABC, la hemeroteca, nace con una modernidad insospechada, dirigida al nuevo ciudadano, al nuevo hombre, al nuevo español del siglo XX, y por lo tanto la articulación entre textos e imágenes pone en marcha un archivo visual, que es absolutamente único y extraordinario».
La grandeza de ABC es haber sido testigo fiel de lo que ocurría en España y en el mundo, pero no solamente en sus sucesos determinantes -con el puñetero y cabrón siglo XX tan lleno de guerras y catástrofes- sino con esas pequeñas anécdotas de la vida, picantes unas veces, amargas otras. Y enumera el maestro Castelo: la caída de regímenes -la vieja Europa desmantelada con la primera gran guerra-, la revolución rusa y sus orgías de sangre, el auge de los totalitarismos, la segunda gran guerra, los toros y el "football", el cine, que también nació con el siglo, las cupletistas de moda y los sucesos de la época... La historia mayor y la historia menor.
«Una recreación más de lo que fue el ayer para que veamos que el hombre siempre es igual, con sus grandezas y sus miserias y que cada época ha tenido sus pequeños héroes y sus mitos y sus sueños», apunta un hombre que desde que ingresó en la Casa de ABC, en junio de 1970, ha cultivado todos los géneros periodísticos (hasta le realizó una entrevista al mítico seleccionador Miguel Muñoz, ahora que andamos de Mundiales...). ¿A ver quién se acuerda hoy de Ricardo Zamora, de la Bella Chelito, de Ab-del-Krim, de Celia Gámez, de Loreto Prado o Enrique Chicote y de la boda de Rafael el Gallo con Pastora Imperio?, que fue portada de ABC. De todo eso y mucho más habla, y no para, la Hemeroteca de ABC; Hemeroteca.abc.es; y del crimen del capitán Sánchez y el del expreso de Andalucía, y de la boda de Lola Flores...y de las dos de Lolita..., y del gol de Telmo Zarra a la pérfida albión en Brasil, y de la noche en que Emilio Butragueño conquistó México y en Cibeles la gente gritaba: «¡Buitre, presidente!». Qué noche la de aquel año 1986.
Un día, a Ahab Castelo le llamaron de la garita de entrada a ABC. El guarda le anunciaba que un «pobre quiere verle, señor Castelo». Ese «pobre» resultó ser un magnífico escritor, que venía a traerle su artículo calzando alpargatas, que luego gastarían suelo cervantino. Castelo ordenó que lo subieran inmediatamente a su despacho. Jamás revelará quién era ese «pobre» hablador y escritor: eso queda en su código interno de hombre leal y fiel. En su confesionario laico, Castelo, premio Luca de Tena de esta Casa, ha dirimido «conflictos matrimoniales, celos profesionales y muchas cosas que morirán conmigo».
A las cinco en punto...
De la Biblioteca a la nueva Redacción de ABC. Sentamos a Ahab Castelo y al contramaestre Lucena Giraldo en una mesa, y abrimos el recado del tesoro. Hemeroteca.abc.es. Navegamos por los mares del Norte y del Sur; los siempre últimos de Filipinas entre la dulzura tagala; Rubén Darío, en ABC; el bautizo del Príncipe de Asturias, el regreso de Alfonso XIII a España, Federico García Lorca y ABC, siempre a las cinco en punto de la tarde... Manuel Lucena Giraldo apunta: «Un historiador de a pie descubre navegando por la Hemeroteca de ABC que los temas que estudia, que las personas que biografía o que las curiosidades sobre el pasado mundial y español tienen caras, poseen rostros concretos, atesoran pulsiones, dibujan colores».
Lo primero que busca Manuel Lucena Giraldo son las obras públicas de la España de los años 20 del siglo pasado, en el debate sobre qué supuso la Guerra Civil, si fue una crisis de modernización o de arcaísmo. «Uno tiene la sensación de que ese Madrid y esa España de principios del siglo XX eran dinámicos, tenían obras públicas, en fin que era una ciudad de rascacielos como las imágenes literarias del Nueva York contemporáneo podrían mostrar», apunta. Y efectivamente, en la Hemeroteca de ABC este grumete periodístico ve y comprueba que esa España de aquellos años 20 era una España próspera, rica y llena de contemporaneidad.
¿Qué supondrá para la historiografía contemporánea el acceso a la hemeroteca centenaria de ABC? Como muestra, un real ejemplo: en el Diccionario Biográfico Español, felizmente terminado, la Real Academia de la Historia ha conseguido confirmar muchas fechas mediante la consulta de las Esquelas de ABC y de las Necrológicas de ABC. ABC presta un gran servicio a la investigación y al conocimiento de la Historia Contemporánea de España.
«Nos pone al día», subraya Manuel Lucena Giraldo. «Para poder comunicarnos necesitamos un archivo visual. Y uno de los archivos posibles y mejores de la España del siglo XX es el que tiene ABC». ¿Dónde vivió Pablo Neruda en los años 20? ¿Por qué surgieron tantos colegios mayores en los cuales grandes políticos e intelectuales iberoamericanos vinieron a vivir aquí en los años 50? «Ese es el rastro que quiero seguir ahora también a través de la Hemeroteca de ABC -añade el joven historiador-. No estamos en un margen de la Historia, ni de Europa; sino en el centro de la Historia Universal y global. Y la evocación de esa centralidad madrileña y española es posible hacerla a través de la Hemeroteca centenaria de ABC. Yo soy un historiador que todos los días da gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de colaborar con los periodistas y en un periódico como ABC. Es un regalo del destino poder llegar a tus alumnos y demás estudiantes gracias a un gran medio como ABC. Uno consigue transmitir así algo del rigor académico. Todos los días aprendo en ABC».
Hijo de periodista, discípulo de Sir John Elliott, cumbre de hispanistas, y de don Guillermo Céspedes de León, magnífico historiador y excelente narrador, y de don Francisco de Solano, gran historiador gaditano, en Manuel Lucena Giraldo se da una curiosa alianza entre la sensibilidad y la necesidad del periodismo: «Cuando hay buen Periodismo hay buena Historia, y cuando hay buena Historia hay buen Periodismo. Somos mundos aliados, que articulan un principio de realidad en las sociedades, que tienen mucho que ver con la salud política de esas sociedades. Contamos historias, que es lo que necesitamos para sobrevivir, y lo hacemos desde la vereda de la no-ficción. El pacto con el lector es contar la verdad». Hay historias periodísticas que se convierten en grandes libros. Lecturas que atrapan al investigador, como la biografía del llamado precursor de las independencias hispanoamericanas, Francisco de Miranda, un periodista venezolano, que atesora una impresionante aventura humana de libertad e independencia para la América española.
Miranda fue siempre un seductor increíble, uno de los grandes casanovas criollos del siglo XVIII. En mil setecientos ochenta y tantos pasó por una ciudad cerca de Génova; un siglo más tarde, la nieta de Miranda es asesinada por un amante italiano despechado cuando ella estaba en el cementerio visitando la tumba del marido, un conde genovés con el que se casó y del que acababa de enviudar. Ese sería el comienzo de un relato periodístico escalofriante, apasionante, seductor, como la Hemeroteca de abc.es.
Elocuente, hospitalario
Santiago Castelo enciende y apaga las luces de la Casa de ABC, abre y cierra la Hemeroteca: «Lo hago porque uno tiene el concepto de que ésta es una Casa tuya, de que sí te importa, y muchísimo, tu empresa. Yo no he tenido jamás en la Casa ansia de poder». Ahab Castelo regresa a su despacho en la primera planta, sorteando albañiles, electricistas y limpiadores; ya no hay ninguna sección allí, todas han bajado a la nueva Redacción. De vez en cuando este grumete procura darse una vuelta por la planta de arriba para asegurarse de que los operarios no habían tabicado ni tapado a Ahab Castelo con él dentro de su despacho.
Si así hubiera ocurrido, dentro de cincuenta, cien, ciento cincuenta o doscientos años, cuando algún becario hubiera derribado esa pared habría descubierto, como en un cuento de Borges, dentro de su confesionario laico, a Santiago Castelo reviviendo aún la historia con su blog: elocuente, hospitalario, jocundo, coñón, espantando la sombra del calor con un gran abanico, en mangas de camisa, y moviendo los brazos como un gobernador de una provincia de la antigua Persia. A lo lejos seguiría navegando el «Pequod», que dirige el hombre de la sotabarba: Ahab Castelo, el patriarca de una gran familia, ese cinamomo extremeño, que guarda el bálsamo de fierabrás de la Hemeroteca de abc.es.
Manuel Lucena (sentado) atiende a las explicaciones de Castelo sobre la Hemeroteca. (Foto: ÁNGEL DE ANTONIO)
Castelo y Lucena repasan algunos ejemplares atrasados de ABC en papel. (Foto: ANGEL DE ANTONIO)
Ocho días después del hundimiento del Titanic, ABC publicó en su portada un mapa que se convirtió en una de las primeras infografías de la prensa.
En 1986 España entró a formar parte de la CEE junto con Portugal. El euro acabó sustituyendo a la peseta en 2002.
Portada del número especial que ABC dedicó a los atentados del 11-S.
La Real Academia de la Historia confirma muchas fechas mediante la consulta de las Esquelas de ABC.