ALFONSO ARMADA
Alfonso Armada es periodista
«NO TENGO LA MENOR IDEA». Maureen Dowd, la columnista más acerada del New York Times, respondió a vuelapluma desde Washington a la pregunta: ¿Cuál cree que será el futuro del periodismo en la era de internet? Pero a renglón electrónico seguido, en un segundo mail, añadió: «Lo único que sé es que el poder corrompe, que la corrupción proporciona buenas historias y que siempre habrá alguien dispuesto a contarlas». Arthur Sulzberger Jr., editor del New York Times, y Rupert Murdoch, propietario -entre otros- del Wall Street Journal, el Times de Londres y la beligerante Fox TV, han empezado a emitir señales del camino que van a emprender: se acaba la era del gratis total en la web. «Puede ser adecuado para los Times (de Londres y Nueva York), pero no para todos. Puede ser la decisión correcta en algún momento para todo el mundo en el futuro, pero todavía no».
Eso piensa Alan Rusbridger, director de The Guardian, uno de los diarios que mejor partido han sabido sacar de su versión web, que advierte: «Si piensa en periodismo, no en modelos de negocio, el futuro te puede parecer un lugar excitante. Si sólo piensas en modelos de negocio, el miedo puede llevarte a la parálisis total». No en vano otro de los grandes dilemas hamletianos que dirimen los periódicos es si las campanas que doblan por la muerte del papel están dándose demasiada prisa en celebrar las exequias de un cadáver que todavía respira y da dividendos. Sin rentabilidad no hay periodismo que valga, pero sin historias originales, apasionantes y veraces tampoco hay nada que merezca la pena comprar. Al menos si seguimos hablando de periodismo, el que destapó el escándalo Watergate, contó los últimos días de Saigón, las torturas de Abu Ghraib.
Promesas y modelos
«El periodismo se ha desintegrado en átomos de información. Los medios van a sufrir una presión cada vez más intensa tanto para producir como para agregar información y veo una tendencia cada vez más creciente hacia la separación entre quienes hacen lo primero y lo segundo». Es la visión de Bill Grueskin, quien tras una larga carrera de periodista enseña ahora en la Escuela de Periodismo de Columbia. Con una amplia trayectoria en el periodismo escrito y audiovisual, su colega en Nueva York, Sree Sreenivasan, se define, consciente de la contradicción que encierra, a la vez propagandista y escéptico ante las promesas de las nuevas tecnologías: «Se crean y consumen más periódicos que nunca. Es cierto que hay mucha preocupación acerca del modelo de negocio. Sin embargo, tengo la impresión de que todo se asentará dentro de un par de años y el periodismo seguirá siendo la manera principal en que informaciones útiles, exactas y veraces se distribuirán por todo el mundo».
«Estamos en un momento de transformación para el periodismo y la tecnología. El periodismo de alta calidad nunca ha disfrutado de mayor demanda. El futuro es brillante, las posibilidades ilimitadas... El desafío central es cómo pagar y sostener el trabajo de los periodistas». Director del Centro para el Periodismo de Investigación, una organización no lucrativa cuyo proyecto más reciente es California Watch, Robert Rosenthal dice por e-mail desde California: «El viejo modelo de negocio, basado en enormes costes fijos y beneficios crecientes, ha saltado por los aires. Nuestras historias pueden ser escuchadas en la radio, vista en televisión, leídas en periódicos y aparecer en múltiples sitios web al mismo tiempo».
De ese espíritu participa una reportera como la argentina Leila Guerriero, autora de pesquisas tan admirables como «Los suicidas del fin del mundo» (Tusquets): «El futuro del buen periodismo, creo, está asegurado, y me parece que un cambio de formato no debería afectar los contenidos. Creo, y veo con preocupación, que se piensa demasiado en el cómo y no en el qué. Siempre, cuando aparecen nuevas tecnologías, las viejas usanzas se ven amenazadas. Me parece que, en todo caso, no deberíamos retroceder como ratones sino mas bien tomar el desafío de seguir haciendo lo que hacemos, y de hacerlo bien».
Como Guerriero, el reportero David Beriain, forjado en lugares que escuecen, como Afganistán y Colombia, también cree que el debate está demasiado centrado en el continente y no en el contenido: «Hablamos de herramientas, de formatos, de narrativas, pero hablamos muy poco de historias, que son la esencia de este oficio, lo que lo ha hecho trascendente, necesario y útil. Parecemos niños fascinados con un juguete extraño con el que todavía no sabemos si podremos jugar». Para él, «el futuro del periodismo en internet es de los reporteros».
Idolatría del presente
Es uno de los grandes periodistas y escritores mexicanos. Roberto Bolaño hizo de su investigación sobre los crímenes de Ciduad Juárez («Huesos en el desierto», Anagrama) uno de los ejes de «2666», su novela póstuma. Sergio González Rodríguez sostiene que «el futuro del periodismo en internet dependerá de prácticas que busquen mejorar el medio a partir de cuestionar tres de sus mitos más queridos: el tiempo real, la preponderancia de los amateurs, la idolatría del presente por encima de la memoria. El periodismo en internet debe ser interdisciplinario, conectado con otras expresiones (literatura, arte, cine, música, video, cómic, videojuegos.), consciente de su potencial basado en la letra, las bibliotecas, las hemerotecas y el mundo real. En internet, en la radio, en la televisión y en la prensa, el periodismo tiene una responsabilidad más que con la verdad, con la exactitud».
Tanto en papel como en internet, la revista peruana Etiqueta Negra, inspirada en The New Yorker, es un imán para periodistas y lectores. Su editor general, David Hidalgo, se resiste al «derrotismo tecnológico» que socava la fe en el periodismo de papel: «No creo en el fin de los periódicos como tampoco en el del libro. En enero del 2008, Steve Jobs -el gran inventor de necesidades de la era digital- pontificó: 'La gente ha dejado de leer'. Dos años después su compañía ha lanzado el iPad, que alimenta una nueva generación de ciberlectores insaciables. Bill Keller, director del New York Times, dijo hace poco que las historias largas y bien contadas figuran como los textos que los lectores de su web comparten más vía e-mail. Prefiero pensar, como Keller, que nuestra expectativa de vida está asegurada mientras haya gente que quiera leer. Que ninguna máquina puede reemplazar el placer de escribir ni de leer una buena historia».
Gabriela Wiener, reportera peruana que demostró su valor para internarse en territorios escabrosos en Etiqueta Negra («Sexografías», Melusina) no compra periódicos de papel: «Hoy ya está bastante claro que los de papel son periódicos de ayer o incluso de anteayer. El periodismo digital es el único periodismo posible para alguien permanentemente hiperconectado como yo. Las ediciones digitales son infinitamente mejores en actualización, pluralidad de medios, interactividad y participación. El futuro del periodismo es hoy. Ayer un amigo me dejó su iPad y leí Time como nunca antes: estaba diseñado exactamente como la revista, pasabas las páginas con el dedo. Una gozada. Para qué mancharse los dedos de tinta».
Una profesión relevante
Para directora del diario portugués Público, Bárbara Reis, no hay duda de que «el periodismo va a continuar siendo una de las profesiones más relevantes en las sociedades libres. Ni desaparecerá ni perderá relevancia, al contrario. Pero cambiará, claro. Todos sabemos que la revolución de internet provocó un terremoto en el periodismo tal como lo conocíamos. ¿Quién imaginaría hace cinco años que un blog iba a "robar" a un editor de investigación al Washington Post?».
El WEF (Wold Editors Forum) agrupa a responsables de medios de todo el mundo. Bertrand Pecquerie, su director, recuerda que los periódicos de papel fueron los medios de comunicación de los s iglos XIX y XX, y ahora deben reaprender lo que eran en el XVIII: publicaciones nicho, especializas y orientadas a las élites. Y pone como ejemplo a seguir a la prensa alemana: periódicos de entre 1,80 a 2 euros hoy día que pronto subirán a 3 euros, con un buen paquete web para móviles y otros soportes.
Nadie como un antiguo peso pesado del periodismo anglosajón, ex jefe de redacción del Washington Post, hoy profesor en la Universidad de Duke, Philip Bennett, para clausurar este viaje por el futuro de un oficio necesario: «El futuro del periodismo queda por descubrir. Estamos en una etapa de profunda experimentación. Pienso que en el fondo el reto no es adaptar el periodismo del periódico a formatos digitales, sino encontrar nuevas formas de dar información y datos y de contar historias. Siendo de la generación formada por el periódico de papel, creo que es fundamental que cualquiera de las tecnologías emergentes mantengan los valores por los que muchos de nosotros hemos luchado. El periodismo es un oficio de servicio al público, que empieza y termina con la búsqueda de la verdad». Amén.
La muerte de Hitler.
El asesinato de Luther King.
El magnicidio de John Fitzgerald Kennedy.

La dimisión del presidente Nixon, leída a
la puerta de la Casa Blanca (Foto: ABC)
Kim Phuc (centro) huyendo del napalm. (Foto: NICK UT/AP)
Alemanes del Este y del Oeste celebran la caída del Muro de Berlín. (Foto: AP)
Una víctima del genocidio ruandés que sobrevivió. (Foto: JAMES NACHTWEY)