Los becarios de entonces ya no somos los mismos

Durante décadas y generaciones, la Redacción de ABC ha sido una fábrica de periodistas... y de sueños. Ésta es la historia de esos compañeros... y amigos

MANUEL DE LA FUENTE

Manuel de la Fuente, periodista

Manuel de la Fuente es periodista

NOVIEMBRE DEL 89. El becario, apenas quince días en esta Casa, acababa de llegar de su primera entrevista. Tímido y prudente, preguntó: «¿Cómo la hago?». Ramiro Villapadierna, corresponsal hoy de ABC en Berlín, después de vivir en carne muy propia, entre otros, el drama de los Balcanes, segundo responsable de la sección de Espectáculos, respondió alto y claro: «Como te dé la gana. pero bien. Mira Manuel, puede que haya algún periódico mejor que éste, la mayoría son peores, pero lo que sí te puedo asegurar es que, como éste, no hay ninguno».

Así se habla, compañero Joserri. Así se nos hablaba nada más cruzar el umbral de ABC. Veteranos y noveles al alimón en el día a día. Noveles curtidos junto a veteranos: Antonio Garrido, Ángel Puerta, José Juan, el cura Martín Descalzo, César de Navascués, López Nicolás, Carmen Fuentes, Sánchez Martínez, Lucio, Marichari. Y compañeros, compañeros del alma que nos dejaron tan temprano, con el alma rota, los teletipos de luto: Ricardo Domínguez, Margarita, Clara Isabel, Ana Muñoz. Veteranos y noveles criados a los pechos de esta centenaria cabecera, gente de aquí y de allá, cada uno de su padre y de su madre, pero todos de la misma camada periodística, la de ABC. Como los mosqueteros de Dumas, veinte años después, muchos seguimos aquí, siempre que se puede uno para todos y todos para uno. Otros volaron. Las alas se las había dado esta Casa. Volaron, sí, y volaron pero que muy alto. Maneras de vivir. maneras de vivir el periodismo. Pasen y, por favor, lean.

«Muchos seguimos aquí, siempre que se puede uno para todos y todos para uno»

En su haber, un buen puñado de salidas por la puerta grande (portadas, queríamos decir), otro tanto de lecciones magistrales. El maestro Tico Medina tira del hilo de su privilegiada memoria y devana la madeja de su paso por la Casa: «Mi vida se divide en un antes y un después de ABC». Tico fue jefe de reporteros, se recorrió América desde el Cabo de Hornos hasta Tijuana, entrevistó en un mismo día a Moshe Dayan, Golda Meir y Ben Gurion, piedras angulares del estado de Israel, y fue el primer periodista español para el que se abrió la Muralla China, en el verano del 76. Tantas historias «que a veces me da hasta vértigo», confiesa. Pero, para vertiginosas, las crónicas de Tico, alguien, como él dice, «cuya universidad fue la calle, porque hay que llevar la vocación periodística en la boca, como un cuchillo. Hacíamos un periodismo hermoso y difícil, queríamos contar el mundo, y también creo que había más pasión».

El oficio, este viejo oficio que muchos querrían ver bien muerto y mejor enterrado, abre puertas, en la vida, en el trabajo. Ignacio Rupérez, embajador, cruzó las de nuestra sede en la calle de Serrano, entre 1969 y 1975. Rupérez dejó ABC para formar parte de la redacción fundacional de «El País», y luego ingresó en la Escuela Diplomática. «Gracias a mi trabajo en el diario ABC pude finalizar los estudios de Periodismo y Derecho, ganarme la vida y ayudar a mi madre», recuerda desde Honduras, donde es ahora el embajador de España.

También hay nombres propios en la agenda de sus recuerdos, como «José Calvillo, redactor jefe, la primera persona que conocí en el diario». Asimismo, Ignacio Rupérez rememora aquella redacción que «era mucho más liberal e intelectualmente más viva de lo que en principio podría sugerir un prestigioso periódico conservador y monárquico en los últimos años de la dictadura del General Franco». Escuela de periodismo y escuela de vida, Rupérez reconoce que «debo mucho al diario ABC, donde aprendí el oficio, lo que además me valió para ejercer otros, y donde me eduqué en la convivencia, en la tolerancia y en el respeto de ideas y opiniones».

En el aire, en las ondas

Otros compañeros se olvidaron de la tinta y prefirieron, tras pasar por nuestra Casa, el hechizo de las imágenes o el embrujo de las ondas. Jorge del Corral fue uno de los fundadores de Antena 3 y actualmente es secretario general de UTECA (Unión de Televisiones Comerciales Asociadas). «¿Mi relación con ABC? Fíjese, mi padre era redactor jefe, y yo aprendí a andar físicamente, di mis primeros pasos, y lo digo al pie de la letra, en la platina de la sección de cajas cuando la composición era en caliente». Del Corral pasó prácticamente por todas las secciones del periódico, y asegura que «llevo el plomo y el periodismo en la sangre, y tengo vínculos muy profundos con ABC, me moriré queriéndolo. esa mesa de redacción donde se había sentado Azorín. En aquellos tiempos, trabajar allí era un grado, era una credencial que te abría todas las puertas».

«Este viejo oficio que muchos querrían ver bien muerto y mejor enterrado»

Cristina López Schlichting cambió la letra impresa por la palabra hablada. Hoy, dirige el espacio «La tarde con Cristina», de la Cope. «Cruzar la puerta de ABC en la calle de Serrano era hacer una entrada épica en el periodismo. Los mostradores relucientes de madera antigua, los bedeles enjalonados y entorchados, el patio andaluz, la biblioteca espectacular, era como engarzar con el gran periodismo del siglo XIX». Cristina también recuerda «el bulle, bulle de la redacción, el sonido de los teletipos que hacían muchísimo ruido. y la máquina de escribir de Isabel Montejano». Becaria que como casi todos había soñado con ser escritora, echó a andar santa y periodísticamente en la sección de Religión («debí ser el primer becario que lo pidió»); en nuestra redacción aprendió «todos los rudimentos de la profesión, y pude sentir veneración por los históricos como Martín Descalzo, Darío Valcárcel, figuras de muchísimo peso intelectual, y podías sentir que te incorporabas a algo importante».

Apuntaba maneras

Hoy dirige «La brújula» en Onda Cero, y aunque el paso de Carlos Alsina por nuestro redacción fue fugaz (apenas un año), muchos sabían que había nacido una estrella. «Sí, sí que apuntaba maneras», recuerda su compañero Miguel Ángel Barroso. «Me impactó lo serio y preparado que parecía todo el mundo, a los ojos de un "enano" como yo -evoca Alsina-, la competitividad que había entre las secciones, la "pelea" profesional por ganarse la portada». En la sección de Sociedad, Alsina se curtió como un marine: «Mi primer trabajo "de responsabilidad" fue clasificar teletipos, y la primera tarea "de alta responsabilidad", escribir un "bolo", un breve de línea y media. Dedicaba horas a redactar aquella línea y media, que al jefe de sección nunca terminaban de convencerle. Nunca supe si me las tiraba por exceso de celo o para mantenerme ocupado».

Pero lo dicho, Carlos apuntaba maneras, y consiguió sus primeros grandes reportajes como «unas dobles centrales para el domingo, sobre la crisis ambiental del Parque de Doñana. ¡El becario iba a firmar una portada! La firmé, ja, ja, y gracias a la hemeroteca digital he podido recuperar ahora aquellas páginas». Mítico entre los míticos de esta casa, su jefe, Luis López Nicolás, enseguida le devolvía a la tierra: «Quieres ser periodista, pues ser periodista cuesta y aquí es donde vas a empezar a pagar, con sudor y lágrimas». «Sufrí -certifica Carlos-, pero aprendí que éste es un trabajo que exige entrega y rigor, que no hay dos palabras iguales y que el lenguaje es nuestra sagrada herramienta. Le recuerdo con afecto». Alsina no ha olvidado muchas de las lecciones aprendidas en esta casa: «Aprendí que cada palabra importa y que hay que escribir cada línea como si fuera a ser publicada en portada, también cuando escribes para la radio. Y que, además de escribir, hay que saber leer. Con intención».

«Alsina no ha olvidado muchas de las lecciones aprendidas en esta casa»

Los caminos del trabajo son inescrutables. Y podría pensarse que el trecho entre una redacción y un despacho en un gran banco fuera el más inescrutable de todos. Pero hay quien lo ha recorrido. Como Javier Ayuso, que tras estrenarse en nuestro ABC (donde estuvo entre los años 1983 y 1986, como redactor jefe de Economía) pasó por «El País» y «Cinco Días», antes de convertirse en director de Comunicación del BBVA. «La redacción era un grupo joven, pero con experiencia, y que creía en el proyecto».

Recuerda Ayuso como «impactante» el edificio de la calle de Serrano y, muy especialmente, las llegadas de Vicente Zabala tras una tarde de toros, en Las Ventas, «que venía eufórico contando a voz en grito las buenas faenas. Daba una gran alegría a todos los que estábamos allí de cierre». ABC, sin duda un rincón histórico donde aprender este mester de periodismo. «El periódico ha sido una escuela para muchos periodistas españoles -continúa Javier Ayuso-. Me ayudó a crecer como profesional. Tuve la suerte de coincidir con grandísimos compañeros, de los que aprendí mucho, y de poder trabajar con plena libertad, aunque mis columnas no siempre coincidieran con la línea editorial del periódico».

Sueños de novelista

Muchos colegas llegan a la redacción con un sueño en la cabeza, un sueño que perseguir, un sueño que hacer realidad: convertirse en escritores. En esta Casa los hubo, los habrá y los hay. Novelistas parapetados tras una trinchera de noticias. Poetas desplegando endecasílabos en las entradillas (o ahora en internet), ensayistas en ciernes. En ABC, durante más de un siglo se ha pensado y puesto en práctica que periodismo y literatura no son necesariamente enemigos, como siempre nos subrayaban en rojo en la Facultad. Y muchos compañeros, tarde o temprano, lo consiguen. Siguen viviendo de las palabras, pero mejor, bastante mejor, sin las prisas de los cierres, sin el fuego cruzado de la competencia.

«Muchos colegas llegan a la redacción con un sueño: convertirse en escritores.»

Rosa María Echeverría llegó a la novela tras años y años de trabajo en ABC y Blanco y Negro. Juan Gómez-Jurado fue más madrugador. Fulgurante becario que pasó por nuestra redacción en 1998 como una exhalación, y convertido ahora en novelista premiado y de éxito, con tres millones de lectores, según se explica en su web, gracias a títulos como «El emblema del traidor». Para Rosa María Echeverría, el periodismo es «un corazón abierto a la vida». Y ella lo abrió entre nosotros, «buscando ese punto de encuentro entre la literatura y el periodismo, entre la realidad y la fabulación».

Y lo hizo a través de entrevistas, como la sección «La fortuna de hacer fortuna» y «Despachos en el poder», que le permitió conocer a Berlusconi: «Sólo él conocía la complicada clave para poder acceder a su despacho», recuerda Rosa. Deportistas, toreros, personalidades del mundo de la cultura, escritores, pintores, actores, directores de cine, toda una polifacética visión de nuestra realidad, se mecieron en la dulzura y la puntería humana y literaria de nuestra compañera. Y, por supuesto, no faltaron tampoco los grandes reportajes como «El amor regresa a Sarajevo», en compañía de otro ilustre de la Casa, el fotógrafo Gonzalo Cruz, para «acompañar a Dina, una madre bosnia de veintisiete años y a su hijo Amin de cuatro, a regresar a su hogar. Se trataba de un viaje realmente peligroso, puesto que en los controles continuaban disparando, y de hecho ametrallaron a un autobús que iba delante del nuestro». Décadas de periodismo canjeadas al fin y a la postre por la literatura, consciente Rosa de que «la historia de estos años es por lo tanto una historia de magia y de maravillas, una amalgama de recuerdos y de malos y buenos momentos donde late continuamente ese corazón abierto a la urgencia de la vida que es el periodismo».

El becario insomne

La noche antes de pisar nuestra redacción, el novelista Gómez-Jurado no pudo «pegar ojo» de la emoción. Luego, comprendió «que es un trabajo como cualquier otro, donde ríes, lloras y en general haces cosas que muy pocos seres humanos pueden hacer. Vivir un partido de fútbol en la banda, tomar un café con un presidente de Gobierno o una estrella de Hollywood, estar en el camerino con Bruce Springsteen...». Pero, por el camino, también había tropezones. «Mi primer artículo fue sobre un entrenamiento del Atleti. Lo escribí con todo cariño, lo imprimí y se lo llevé al redactor jefe. Este cogió un boli rojo y me dio una lección acelerada sobre redacción periodística. Al acabar apenas había un par de frases sin tachar. Conservo esa prueba de imprenta colgada en mi pared. Pero para eso está un becario, para aprender».

«La noche antes de pisar la redacción, Gómez-Jurado no pudo "pegar ojo" de la emoción»

No, no crean, no todo van a ser palabras en la viña del señor de ABC. También ha habido música, y de la buena. Música y maestros, como Basilio Martí, becario de ABC durante dos temporadas (1989-1991), antes de convertirse en uno de los músicos más respetados y queridos de nuestra música pop. Teclista de lujo, Basilio fue durante casi veinte años amigo íntimo, camarada, escudero y confidente de Antonio Vega.

«ABC era el periódico de toda mi familia, mis abuelos, mis padres, lo que decía ABC iba a misa, y cuando llegué, me llamó la atención el ambiente relajado y desenfadado que se respiraba». Basilio se curtió en una de las secciones donde más a pie de calle se vive el periodismo, la de Sucesos, filón del que surgieron buena parte de los redactores más cualificados de nuestra Casa. «Era lo más goloso del periódico, aunque no a todo el mundo le gustaba, era periodismo puro: crímenes, víctimas, cientos de kilos de heroína aprehendida... Mi jefe era mi querido Ricardo Domínguez, ya desaparecido, y al que nunca olvidaré. Era un escritor fabuloso y me enseñó a tratar las noticias de forma que atrapasen al lector. Inventó un estilo propio, con frases como "el presunto atacante no era otro que... Veía los sucesos como una novela o folletín diario, en una tradición quizá un poco antigua, en el sentido clásico, pero siempre efectiva y entrañable».

El lanzamiento de enanos

Entre las exclusivas de Basilio Martí, el descubrimiento del «Lanzamiento de enanos en Australia». No es broma. La noticia acabó en un reportaje a doble página. «Esa noche lo vi pegado en las paredes de varios bares que yo frecuentaba; había sido un éxito», apostilla Basilio.

«¿A ver, señorita, usted no sabe que éste es un periódico de derechas?»

Novelistas, directores de comunicación, gente de radio, diplomáticos, ABC ha abierto las puertas del cielo profesional para muchos compañeros. También los de la política, no partidista, sino institucional. Es el caso de Pedro Corral, que durante 14 años trabajó con nosotros, antes de incorporarse como asesor cultural en el Gabinete de la Presidencia del Gobierno Aznar (2000-2004) y en el Grupo Popular en el Congreso (2004-2007). Actualmente es asesor en el Gabinete de la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Por si fuera poco, a Pedro le ha dado tiempo a escribir los ensayos «Si me quieres escribir» y «Desertores», y la novela «La ciudad de arena».

Corral entró en ABC, a la manera «clásica», como él dice: «Llevé un artículo a la redacción y Tomás Cuesta, entonces jefe de Cultura, me lo publicó al día siguiente. Aún recuerdo la emoción de aquel primer artículo impreso». Emoción que se desbordaba cuando se cruzaba la puerta del edificio de Serrano, que era «como entrar en una cápsula del tiempo. Si te descuidabas, podías encontrarte hablando del tiempo en el ascensor con el espíritu de Azorín o de Fernández Flórez». Y la última y quizá mejor lección: «ABC me imprimió la exigencia por cuidar el estilo literario, auténtica marca de la casa».

Cate en inglés

También sabe muy bien lo que son los entresijos de la política, Isabel Gallego, directora general de Medios de Comunicación en el Gobierno de Esperanza Aguirre, y mujer de confianza de la presidenta. Isabel pergeñó sus primeras entradillas desde fuera, como colaboradora, en 1989, tras un «cate» en nuestra Escuela de Prácticas. No es de extrañar, en la prueba de inglés le tocó «un artículo de "Science" sobre una plaga de langostas. Fue un gran disgusto para mí, pero sobre todo para mis padres, cuya ilusión siempre fue que su hija escribiera en negritas y abajo, como los grandes de las Terceras de ABC. Yo creo que todo padre de periodista cree que ha educado a un pequeño Ruano».

«¿A ver, señorita, usted no sabe que éste es un periódico de derechas?»

Luego, después de dar la lata a Javier Badía, entonces jefe de la Sección de Educación, Isabel acabó por llegar a la redacción, de la que nuestra compañera recuerda «el sonido de la tarima del suelo cuando caminabas sobre ella, y el ruido de las máquinas de escribir y de los teléfonos que no dejaban de sonar. Y mucha camaradería». Y anécdotas, claro: «Vicente Zabala tenía la costumbre de pasarse pronto por la Redacción, allí revisaba la Prensa y hacía algunas gestiones telefónicas. Un buen día el teléfono de Educación no dejaba de sonar y, claro está, no había nadie de la sección a las 9.45 de la mañana para cogerlo. Así que el maestro Zabala descolgó, muy amablemente a pesar de que su paciencia se agotaba, y al escuchar una voz que preguntaba por Isabel Gallego respondió: "¿A ver, señorita, usted no sabe que éste es un periódico de derechas y aquí no se viene a trabajar hasta las 12?". La "señorita" en cuestión era la secretaria de un secretario de Estado, entonces del Gobierno de Felipe González».

Definitivamente, para Isabel Gallego, ABC «es desde luego la mejor manera de resumir en tres letras la historia grande del periodismo español, y en esa historia están todos los que me enseñaron a vivir el periodismo también en esta otra orilla de la información, que tiene otras decenas de "cierres" al día. Además, tengo el grato recuerdo de aquellas noticias que publicamos y esas otras, más personales, que nunca saltaron a la linotipia».

ABC, escuela de periodismo, escuela de vida, sin duda, nosotros, los becarios de entonces, ya no somos los mismos.

Año de 1976. Un grupo de estudiantes de Periodismo, en una prueba de aptitud para ingresar en nuestra Redacción. (Foto: ABC)

Año de 1976. Un grupo de estudiantes de Periodismo, en una prueba de aptitud para ingresar en nuestra Redacción. (Foto: ABC)

TICO MEDINA, veterano compañero en esta Casa, y maestro de periodistas, ante el monumento a Mao en Pekín. (Foto: ABC)

TICO MEDINA, veterano compañero en esta Casa, y maestro de periodistas, ante el monumento a Mao en Pekín. (Foto: ABC)

JORGE DEL CORRAL dio sus primeros pasos, en el sentido literal, en nuestro taller. (Foto: ABC)

JORGE DEL CORRAL dio sus primeros pasos, en el sentido literal, en nuestro taller. (Foto: ABC)

CRISTINA LÓPEZ SCHLICHTING, en Egipto, en 1996, cubriendo un reportaje sobre la cuna del terrorismo integrista. (Foto: ABC)

CRISTINA LÓPEZ SCHLICHTING, en Egipto, en 1996, cubriendo un reportaje sobre la cuna del terrorismo integrista. (Foto: ABC)

IGNACIO RUPÉREZ se curtió en nuestra Casa antes de desarrollar una brillante carrera diplomática. (Foto: ABC)

IGNACIO RUPÉREZ se curtió en nuestra Casa antes de desarrollar una brillante carrera diplomática. (Foto: ABC)

PEDRO CORRAL, en plena faena, realizando una entrevista telefónica en el año 1991. (Foto: ABC)

PEDRO CORRAL, en plena faena, realizando una entrevista telefónica en el año 1991. (Foto: ABC)